jueves, 17 de junio de 2010

Te amo, pero no te amo.

Queridos lectores,

La verdad, no se me ocurre sobre qué podría escribir en una noche como esta, tan solitaria, tan enorme, tan lejana… Tan adornada con ese silencio infinito.

Supongo que sería bueno indagar en todas esas paradojas por las que mi conciencia me ha conducido a encender la computadora, abrir Microsoft Word y disponerme a escribir sobre ese no se qué, que muy amablemente ustedes leerán.

Se me ocurre que estaría muy bien si pudiera ofrecerles mi humilde opinión sobre esa palabra que ya me he dado la tarea de mencionar antes en este mismo texto: Paradoja.

Desde la antigüedad…

Jajajaja, ¡Mentira!

Esta vez no comenzaré a hablarles desde el “principio”, por el contrario, simplemente me limitaré a escribir lo siguiente:

El ser humano es de naturaleza inconforme

Por ello, muchas, muchísimas veces, cuando solemos creer que deseamos “algo” con toda nuestra alma, con todo nuestro ser, con todo nuestro todo; y  cuando finalmente logramos alcanzarlo, paradójicamente –aunque no todas las veces- no logramos sentimos contentos. Esto se debe, queridos lectores, a que, el ser humano es un ser inconforme.

A ver, usted que me lee, en cuántas oportunidades ha sentido la decepción de haberse equivocado en el camino que pensó, era, el correcto. Cuántas veces dio por hecho el futuro a muy largo plazo, y el presente se encargó de variar cual efecto mariposa, la veracidad de sus metas. Cuántas y cuántas veces usted quiso, usted pudo, y, usted, se sintió estafado por usted mismo.

Quizá de eso se trata la vida, de virar cual cargamento de arma en la sien de un osado apostador, en ese juego conocido como “La Ruleta Rusa”, y verter al destino esos sueños que trazamos basándonos en diferentes elementos.

Usted, su familia, los amigos, la sociedad, etc, etc, etc.

Sueños, fracasos. Fracasos, sueños. Sueños y fracasos. Sueños. Fracasos.

Supongamos pues, que todo esto de lo que hemos venido hablando se resume de la siguiente manera.

Por ejemplo:

Deseo estudiar, graduarme y tener un empleo excelente.

      Este empleo no me da la suficiente estabilidad, deseo un nuevo empleo.

Quiero casarme con el hombre (o mujer-dado sea el caso-) perfecto.

       Me equivoque, esta persona no cubre mis expectativas.

Quiero tener una familia, buscaré mi primogénito.

      Tengo que tener otro hijo.

Quiero viajar a Europa y conocer a mí familia.

      Quiero viajar por todo el mundo.



Desde las cosas más simples…

Quiero una Mini Hp.

      Para qué me compré esta computadora que no sirve para nada, ahora quiero una Mac.


Hasta las más complicadas…

Por ti daría mi vida, te amo… quiero pasar el resto de mis días a tú lado.

      Te amo, pero no te amo.



Y así, corren los segundos, los minutos, las horas… nos volvemos ancianos mientras nuestros días trascienden en un círculo vicioso de inconformidad que nos impide ser realmente lo que somos.

Gastamos la vida preocupándonos por el qué dirán, por ver sonreír a los demás, por creer que haciendo tal o cual cosa seremos lo suficientemente dignos de admiración popular, y por los asuetos de una jubilación que desconocemos si llegará.

Bailamos los días al son de una sociedad que pareciera desempolvar los viejos parámetros que recitan cosas como nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos luego nietos y morir…

Pero ojo, no se trata de que eso esté mal, no. Se trata de que ese eso no necesariamente sea lo correcto.

Muchas veces, son tantos los que critican a quienes deciden vivir lejos de esos estándares… Incluso, los podría imaginar moviendo sus cabezas de un lado a otro, en señal de desaprobación para con algunos actos.

Mi pregunta es simple, ¿Por qué?

Después de todo, somos seres humanos inconformes. Es decir, todos y cada uno de nosotros, a pesar del camino que decidamos tomar, nos movemos en razón de esa balanza de sueños y fracasos.

Dijo un buen poeta una vez… “Ser o no ser, he ahí el dilema” por mi parte creo que el dilema no está en que seamos o no seamos tal o cual cosa, sino en que, luego que somos, no queremos ser.

Amigos lectores, ¿Qué podemos hacer para variar en cierto modo nuestra naturaleza?

Pues yo no creo que la respuesta a esa pregunta sea simple; sin embargo, consideraría propicio decirles que en ese devenir de “ser o no ser”, procuren ahuyentar las vocecitas exteriores e intenten escuchar con atención a esa voz que calladita les habla desde su interior…

Sean lo que son, sin miedo, sin reproches… sean felices, aunque sea durante un instante… Que -Y lo escribo con toda sinceridad- en ese respecto, si que nunca me he topado con un inconforme.

Porque cuando somos felices,



                               Todos y cada uno de nosotros deseamos mantenernos así.




1 comentario:

  1. Me gustó la parte "Bailamos los días al son de una sociedad que pareciera desempolvar los viejos parámetros que recitan cosas como nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos luego nietos y morir…". Me gusta la sinceridad con la que escribes, y sobre todo un tema como el de la inconformidad que, aunque pareciera tener muchas connotaciones negativas, es la que nos mueve a siempre buscar cosas mejores. ¿Que las logramos y luego no nos damos cuenta? Bueno, al menos seguimos activamos. Saludos, de otro nacido en Ocumare, también del Tuy,

    ResponderEliminar