jueves, 3 de junio de 2010

¿Qué sabe usted?

Son precisamente las noches carentes de euforia encarnecida las que conducen a los corazones solitarios a reencontrarse con la vanidad del orgullo herido. No creo concerniente canalizar estas palabras en las historias lamentables de algunos de mis amigos, ni mucho menos sería prudente parafrasear mis propias tristes vivencias a un lector que probablemente poco le interese. Sin embargo, existe un sentimiento que se ha tornado un tanto obsesivo, problemático y enfermizo, en las estanterías paradisiacas de nuestro subconsciente.

Perdóneme usted que me considera osada por redactar en plural semejante afirmación, o usted que simplemente no entiende de que voy, y por favor discúlpeme todo aquél que se sienta identificado con las líneas venideras que todavía no se me ocurren escribir.

Le pido también que no me crea loca por ir escribiendo sobre la marcha, créame loca por pretender hablarles del amor.

Me alegra recordarles que no soy la primera que lo intenta, pues son muchos los fracasados en el tema, los que han pretendido justificar sus propias carencias; unos cuantos, son también, los que han gritado sobre los cuatro vientos cuan afortunados son al tener siempre consigo al amor de sus amores; y están quienes jamás se han acercado, ni siquiera por error, a la pureza más significativa depurada en un sentimiento capaz de vencer los más atroces obstáculos. Pero no es momento de detenernos en singularidades, y ¡Qué difícil es no hacerlo!

Permítame también añadir una afirmación en la que creo ciegamente aún viviendo en la inmensa comuna que usted y yo compartimos: “el amor es el motor que hace mover al mundo”, cabe destacar que realizo la acotación aunque realmente no sé a quién se le ocurrió por vez primera. Seguro varios de ustedes estarán considerando tan ostentosa frase como una tremenda blasfemia.

Probablemente, ya pensó el primero en el capitalismo salvaje, y que es verdaderamente la teoría de la oferta y la demanda el generador del movimiento constante. Válgame el perdón de todo aquél que ha amado por mezclar semejantes conceptos con el amor, pero a estas alturas del milenio estamos tan corrompidos que no pude evitar adelantarme a las reflexiones que seguramente muchos harían sobre tal afirmación.

El amor es el motor que hacer mover al mundo. La he repetido y me ha parecido un poco cursi, pero es que yo estoy algo contrariada. Tal vez, el amigo o la amiga que lee mis líneas se encuentre perdidamente enamorado (a) si no ha parado de gesticular con la cabeza de arriba hacia abajo, cual perrito de taxi.

Por cierto, no me crean tan ingenua, ya que, fuera de los parámetros netamente sentimentales, sé que el mundo tiene un motor mucho menos inspirador y bastante más decepcionante. Siempre he creído que son pocas las cosas que procuran en los seres humanos cambios absolutamente fascinantes, y el amor es una de ellas; Las drogas, por otro lado, sería la antítesis a la anterior aseveración.

No se puede ocultar cuando se ama, y tampoco se puede ocultar cuando se consume drogas. Y si, me dirijo a ti, pequeño ingenuo que cree tapar el sol con un dedo.Quizá me vaya a referir a un ejemplo un poco abstracto, por como lo he querido explicar, pero no me detendré precisamente ahora que ya he hablado bastante, así que permítame preguntarle a usted amigo lector ¿Qué fue la Guerra de Troya? Diría esta servidora que no fue más que una contienda por amor, donde estaban implicadas varias cosas más, pero después de todo por amor. Así también merece la pena reflexionar ¿Por qué develó Sanson el secreto de su fuerza a Dalila? Por amor. Y finalmente ¿Qué hizo que Eva Braun permaneciera tanto tiempo a la espera de Hitler? El amor.

Les pido por favor que no me malinterpreten, pero sin importar cuán malvado sea alguien y cuán terriblemente repercutieran sus acciones en el mundo, siempre, estoy segura de esto, habrá tenido una pizca de amor para con alguien; y no importa quién, puesto que acá hemos venido a hablar de amor, no de los amantes o los amados.

Por otro lado, existe también una formula absolutamente exacta en las cuestiones que hemos venido a tratar, y es que sin importar cuán grande sea el sentimiento “amor” siempre lleva implícito el semejante “dolor” y sin embargo, no tiene importancia, ya que todos y cada uno de nosotros procuramos amar.

Es aceptable decir que no es fácil tocar un tema como el que hoy vagamente dejo con cientos de brechas, porque así como pretender determinar una super ecuación de física cuántica, tratar de poseer la certeza total sobre el tema es pretender tener la sabiduría de un Dios, cualquiera que este sea.

Debo confesar que muchas veces he querido que mi vida fuera una novela, de esas tipo las de Delia Fiallo, y ser además yo misma la escritora para que el final irremediablemente tenga que ser feliz. No obstante, creo que como suelo pecar mucho de “fresa” mi vida sería demasiado monótona y aburrida…

Por ello, no me queda más que permitir al vaivén de sucesos enseñarme las lecciones necesarias para sobrevivir a los parámetros de una vida repleta de millones de sorpresas que aún debo descubrir.

De amar, si amé, y tal vez, amaré.

De amor, solo sé, como diría el buen Sócrates, que no sé nada.

¿Qué sabe usted mi amigo lector?

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