jueves, 17 de junio de 2010

Te amo, pero no te amo.

Queridos lectores,

La verdad, no se me ocurre sobre qué podría escribir en una noche como esta, tan solitaria, tan enorme, tan lejana… Tan adornada con ese silencio infinito.

Supongo que sería bueno indagar en todas esas paradojas por las que mi conciencia me ha conducido a encender la computadora, abrir Microsoft Word y disponerme a escribir sobre ese no se qué, que muy amablemente ustedes leerán.

Se me ocurre que estaría muy bien si pudiera ofrecerles mi humilde opinión sobre esa palabra que ya me he dado la tarea de mencionar antes en este mismo texto: Paradoja.

Desde la antigüedad…

Jajajaja, ¡Mentira!

Esta vez no comenzaré a hablarles desde el “principio”, por el contrario, simplemente me limitaré a escribir lo siguiente:

El ser humano es de naturaleza inconforme

Por ello, muchas, muchísimas veces, cuando solemos creer que deseamos “algo” con toda nuestra alma, con todo nuestro ser, con todo nuestro todo; y  cuando finalmente logramos alcanzarlo, paradójicamente –aunque no todas las veces- no logramos sentimos contentos. Esto se debe, queridos lectores, a que, el ser humano es un ser inconforme.

A ver, usted que me lee, en cuántas oportunidades ha sentido la decepción de haberse equivocado en el camino que pensó, era, el correcto. Cuántas veces dio por hecho el futuro a muy largo plazo, y el presente se encargó de variar cual efecto mariposa, la veracidad de sus metas. Cuántas y cuántas veces usted quiso, usted pudo, y, usted, se sintió estafado por usted mismo.

Quizá de eso se trata la vida, de virar cual cargamento de arma en la sien de un osado apostador, en ese juego conocido como “La Ruleta Rusa”, y verter al destino esos sueños que trazamos basándonos en diferentes elementos.

Usted, su familia, los amigos, la sociedad, etc, etc, etc.

Sueños, fracasos. Fracasos, sueños. Sueños y fracasos. Sueños. Fracasos.

Supongamos pues, que todo esto de lo que hemos venido hablando se resume de la siguiente manera.

Por ejemplo:

Deseo estudiar, graduarme y tener un empleo excelente.

      Este empleo no me da la suficiente estabilidad, deseo un nuevo empleo.

Quiero casarme con el hombre (o mujer-dado sea el caso-) perfecto.

       Me equivoque, esta persona no cubre mis expectativas.

Quiero tener una familia, buscaré mi primogénito.

      Tengo que tener otro hijo.

Quiero viajar a Europa y conocer a mí familia.

      Quiero viajar por todo el mundo.



Desde las cosas más simples…

Quiero una Mini Hp.

      Para qué me compré esta computadora que no sirve para nada, ahora quiero una Mac.


Hasta las más complicadas…

Por ti daría mi vida, te amo… quiero pasar el resto de mis días a tú lado.

      Te amo, pero no te amo.



Y así, corren los segundos, los minutos, las horas… nos volvemos ancianos mientras nuestros días trascienden en un círculo vicioso de inconformidad que nos impide ser realmente lo que somos.

Gastamos la vida preocupándonos por el qué dirán, por ver sonreír a los demás, por creer que haciendo tal o cual cosa seremos lo suficientemente dignos de admiración popular, y por los asuetos de una jubilación que desconocemos si llegará.

Bailamos los días al son de una sociedad que pareciera desempolvar los viejos parámetros que recitan cosas como nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos luego nietos y morir…

Pero ojo, no se trata de que eso esté mal, no. Se trata de que ese eso no necesariamente sea lo correcto.

Muchas veces, son tantos los que critican a quienes deciden vivir lejos de esos estándares… Incluso, los podría imaginar moviendo sus cabezas de un lado a otro, en señal de desaprobación para con algunos actos.

Mi pregunta es simple, ¿Por qué?

Después de todo, somos seres humanos inconformes. Es decir, todos y cada uno de nosotros, a pesar del camino que decidamos tomar, nos movemos en razón de esa balanza de sueños y fracasos.

Dijo un buen poeta una vez… “Ser o no ser, he ahí el dilema” por mi parte creo que el dilema no está en que seamos o no seamos tal o cual cosa, sino en que, luego que somos, no queremos ser.

Amigos lectores, ¿Qué podemos hacer para variar en cierto modo nuestra naturaleza?

Pues yo no creo que la respuesta a esa pregunta sea simple; sin embargo, consideraría propicio decirles que en ese devenir de “ser o no ser”, procuren ahuyentar las vocecitas exteriores e intenten escuchar con atención a esa voz que calladita les habla desde su interior…

Sean lo que son, sin miedo, sin reproches… sean felices, aunque sea durante un instante… Que -Y lo escribo con toda sinceridad- en ese respecto, si que nunca me he topado con un inconforme.

Porque cuando somos felices,



                               Todos y cada uno de nosotros deseamos mantenernos así.




domingo, 6 de junio de 2010

¿Por qué África?

La pregunta de las mil respuestas.


¿Por qué África?

Aunque usted no lo crea la respuesta a esta pregunta es más sencilla de lo que le pudiera parecer a cualquiera.

De hecho, la responderé en breve, aunque no sé si de manera breve, pues la mayoría de las veces suelo desacatar las sencillas reglas de la escritura concisa. Reglas, esas, que son creadas para la lectura con aire de celeridad y poca paciencia.

Veamos pues, cómo se me da esta vez.

Para empezar, de empezar… hay que hacerlo desde el principio.

¿He comenzado mal en el intento de ser breve, cierto?

                                                                           ***

Hace mucho, muchísimo tiempo, un insoportable profesor me dio una lección de vida que no me esperaba.

Él, llegó al aula de clases del tercer año de bachillerato y sin intentar siquiera mediar palabra con el numeroso grupo de estudiantes indisciplinados que entre “taquitos” y gritos, ignoraban cualquier acontecimiento que pudiese estar pasando en el mundo real -ese mundo que era diferente al de la rochela, las novelas juveniles y una salsa de los “Adolescentes” en plena tarde luego de la deserción a un día laborable- 

Este señor colocó una película en el pequeño televisor con un VHS como complemento, que alguien –probablemente antes de que la claridad llegara al día- había dispuesto ahí, justo en frente del pizarrón, por petición anticipada de algún supervisor.

Y sonó.

Sonó un “Gracias a la Vida” de Mercedes Sosa (si nunca tuviste la dicha de escuchar esta canción, te invito a que visites www.youtube.com y la escuches)

Y se vio.

Se vio un montón de imágenes de gente necesitada.

Y yo vi.

Vi a un niño, que debía ser africano, –o de un país de esos donde todos son negritos- tirado en el suelo, arropado por la tierra que bañaba su piel y se apoderaba de sus sentidos. Tierra desértica que se acoplaba a ser, como el manto amable de una madre. Tierra que le acurrucaba en su canto la tranquilidad de un posible amanecer. Tierra que molestaba a sus ojos. Tierra que saboreaban sus labios. Tierra suya, tierra santa.

Había lágrimas en su rostro y huesos delgadísimos expuestos a la indiferencia colectiva, tenía hambre, pues sus ojos prácticamente desgarraban un grito desesperado de desdicha…

Esa, Debía ser una imagen común; él, debía ser un niño más.

Y entendí.

Entendí que no sabía nada, que era sumamente afortunada, y que, el pana que estaba sentado a mi lado probablemente jamás entendería lo que yo había entendido en ese preciso instante de mi vida. O cuando mínimo, no lo entendería mientras continuara lanzando "taquitos".

…Así fue.

Así fue como me quedé prendada con ese dicho que narra “dar y recibir”, hasta que este se convirtió en un “dar sin esperar recibir nada a cambio” y definitivamente me enamoré

-Pero ojo, y esto es importante, no se trata de “dar” esperando agradar a otros, a Dios o a ti mismo… La cosa va un poquito más allá.

Más allá de la religión –Sin dejar de lado a Dios (quien quiera que sea tu Dios)- Más allá de la familia. Más allá de las doctrinas políticas. Más allá de todos los aspectos sociales y más acá de tu condición innata de ser humano-.

Y aprendí.

Aprendí que el mundo es una inmensa comuna. Que todos y cada uno de nosotros compartimos el mismo aire, el mismo cielo y tantas “mismas” cosas más.

Aprendí que no todos habían comprendido lo que significaba SER humano.

Y supe.

Supe que el mundo necesitaba gente dispuesta a trabajar por hacerles ver a algunos “otros” que ESTAR aquí, vivir, trabajar, tener una familia, amar y morir, no lo es todo.

Que ESTAR no es igual a SER.

Que se puede vivir sin existir realmente. Que se puede tener condición humana sin SER humano.

Pero, no quiero decir con todo esto que yo sea mejor ser humano que el pana que estaba sentado a mi lado aquél día, o que sea mejor persona que cualquiera de ustedes que me leen, porque no es así. Yo simplemente soy diferente, y nótese, que he dicho “simplemente”, esto es porque no hay mucho meollo en el asunto, quiero ayudar… es sencillo.

Soy tan diferente como aquél que en lugar de ser arquitecto es ingeniero. O como aquél que en lugar de ser administrador es contador… y así, constituiríamos una gran cadena que haría aún más larga esta lectura.

Así pues, un día descubrí mi vocación, y desde entonces son muchos los que me han llamado loca – si es posible decirlo, “en el buen sentido de la palabra”- mis papas todavía no deben entender muchos porqués, y sin embargo, me apoyan… ¿Podría ser más afortunada? Aunque igual siento mucho causarles la preocupación de tener a una hija viviendo en África.

                                                                           ***

Ahora bien, ¿por qué África?

Muchos de ustedes aseveran, con toda propiedad, que en Venezuela existen muchas, sino las mismas, carencias que hay en el continente negro. Y sí, es cierto. No obstante, podría hablarles de diferencias –no cuantitativas- notables.

Venezuela ha sido siempre un país de oportunidades – desaprovechadas, pero igual así “oportunidades”- para surgir.

En Venezuela hemos tenido bonanzas petroleras hasta para lanzar al cielo.

Hemos tenido malos políticos como arroz.

Y las políticas erradas que no se quedan atrás.

Si, en Venezuela hay pobreza, pero hemos tenido la posibilidad, si bien no de erradicarla, si de disminuirla considerablemente.

Acá la ayuda es necesaria, es una verdad absoluta para quien sea que la diga, pero yo jamás he dicho que no ayudaré a mis conciudadanos.

Como dicen en Casablanca – y me encanta esta frase- “Siempre nos quedará Paris”. Por supuesto que siempre me quedará Venezuela.

Digamos que África será una escuela, y como siempre hay momento para una analogía, diré:

Supongamos que un “empresario” venezolano desea ser el mejor de los empresarios, ser el dueño de la empresa más importante de su país, ganar muchísimo dinero y triunfar. Les pregunto, ¿A dónde se dirigiría este señor para comenzar a formalizar su sueño? Respondería yo –me siento en un exquisito monologo- que, quizá, iría a alguna de las mejores escuelas de negocios en los Estados Unidos –País Capitalista por naturaleza, y exitoso (en su máxima expresión) en lo que hace- estudiaría, volvería a Venezuela y lograría su cometido

Porque para ser el mejor en lo que haces, tienes que ser malo primero, trabajar duro luego y finalmente, quizá, sin darte cuenta cómo, lograr ser bueno.

                                                                           ***

Y me voy a África, sí.

Me voy al continente más necesitado del mundo. Viajaré tres días completamente sola. Intentaré, me equivocaré, me entristeceré, y seré feliz… durante cuatro meses y medio, procuraré ver sin frustrarme por no entender todas esas cosas diferentes que encontraré tan lejos de casa, de mi familia y mis amigos… Y aprenderé, sobre la marcha, aprenderé.

Iré al mejor lugar al que un ser humano puede ir para reencontrarse con su cualidad tacita de SER humano.

Y volveré.

Volveré con una gran escuela, para dar mucho más de lo que ahora puedo dar. Así como me lo hizo entender una buena pana en su oportunidad.

Esta es mi vocación, no pretendo que la entiendan, ni que la respeten, simplemente les pido que la conozcan… junto a mí, durante estos cuatro meses que están por venir.

Se trata de entender eso de SER. Listo.

Una vez, hace algún tiempo atrás, escribí: “No soy Capitalista, soy humana. No soy Socialista, soy humana. Soy tu hermana”

No voy a Kenia por Capitalista, ojalá tuviera más dinero para poder llevar todas esas cosas que pudieran darle Bienestar a esos 32 chamos con quienes compartiré en el orfanato Happy Home.

Pero no, no soy millonaria… Logré lo que logré por tener ímpetu, eso es todo.

Tampoco voy a Kenia por Socialista, que va. Mucho menos por comunista. Ni por Anarquista. No, nada de eso.

Voy porque voy… No hay doctrinas políticas, financiamientos de empresas, ni intereses burgueses. No hay balanzas, ni péndulos, no hay un cielo por ganar, no hay enfermedades terminales, no hay desconocimientos de realidades. No.

Voy porque eso es lo que soy… Giuliana Ippoliti Bandes, quien prefiere irse a África sin haber conocido Disney.

Y quizás sí, estoy un poco loca… después de todo, dicen por ahí que los locos no actúan como los demás.

Todavía muchos me preguntan: ¿Y Cuánto te van a pagar?

Para dar respuesta a ese cuestionamiento tengo una sola palabra: Voluntad.

Ganaré mucho más de lo que pueda ganar en los 30 años de servicio –público o privado- que tendré en mi vida… Seré millonaria en espíritu gracias a la bondad de 32 miradas ilusionadas.

                                                                          ***

Entonces así es como empezó.

Mi trabajo empezó.



                                                              Porque el mundo puede ser un mejor lugar para EXISTIR…

viernes, 4 de junio de 2010

Voy a contarles una historia…

Le sucedió al amigo de un amigo, en una tierra, que por demás está decir, era, lejana.

Pasaban las cinco de la tarde, el día sucumbía ante la noche sediento y nublado. Así, llevado por el deseo de ser bañado por ráfagas fugases de vida y la esperanza de ver a las hojas de esos árboles tan suyos bailar bajo el son arrítmico de una brisa fortalecida por la inesperada tendencia torrencial que tanto ansiaba la tierra en su sequía, para finalmente sucumbir ante la promesa de un suelo verdoso y adornado por flores de todos los colores y todos los aromas.

Un paisaje inesperado, de esos que te llenan el día de sorpresas y adornan la monotonía de tu vida, tan simple, tan previsible.

No quiero detenerme mucho tiempo en la retórica narración de un paisaje cuidadosamente descrito por el amigo de mi amigo… Pero es importante para mí, y tal vez lo sea para ustedes, el hecho de detenerte un segundo el tiempo para apreciar lo que nos rodea y finalmente entender que no estamos solos (¡no hablo de extraterrestres!).
Detente y respira vida. Detente y aprecia vida. Detente y siente vida. Detente.

El amigo de mi amigo en su descripción mencionaba a una pequeña cantidad de aves - cuya procedencia desconocía- que se aventuraban a volar al ras de los árboles. Esas aves eran libres y fugaces -según él decía- eran aventureras y audaces. Es decir, todo lo que él era incapaz de ser.


Debo confesar que me llamó poderosamente la atención que mencionara a las aves, teniendo tanto que ver, él se había fijado en las aves. Igual todo es vida, como el programa de Discovery que narra Juanes; Pero alguien “normal” –en el sentido poco relativo de la palabra- no se detiene a ver las aves volar, que va. Este pana, era diferente. Se parecía a mí más de lo que pude imaginar. ¡Me cae bien!


Por eso voy a escribir sobre él…

¿En donde me quedé? Ah cierto, le sucedió al amigo de un amigo –Podría escribir que estoy sonriendo en este momento, pero la historia no se trata de mí-


Ajá…


Un café, un tango añejo, humo de cigarro, aroma a Channel a lo lejos… Mucha vida, poca existencia.



“Si supieras que aún dentro de mi alma conservo aquél cariño que tuve para ti. Quién sabe si supieras que nuca te he olvidado. Volviendo a tu pasado te acordarás de mí. Los amigos ya no vienen ni siquiera a visitarme. Nadie quiere consolarme”

>> A quién se le ocurre poner semejante Tango en un lugar para personas solitarias como este- pensó Javier- Ese es el nombre del amigo de mi amigo- al momento en el que una mano invisible parecía tomar con fuerza su corazón herido para desgarrarlo lentamente y con compasión.


>>Estoy solo, ¡y te odio!


>>No, no te odio, simplemente estoy solo…


>> ¿Por qué suena un Tango en un local que no está en Argentina? – Se preguntó- ¡Qué paradójica es la vida! – Afirmó- Quizá el dueño es argentino, igual eso a mí qué me importa.


Una pared redecorada en palabras. Artistas reconocidos, artistas por reconocer, artistas frustrados y los que ni siquiera sabían que tenían talento para ser artistas, todos conglomerados en un mural, un mural de sueños y recuerdos.


“No tengo tiempo para mí” Pensó mientras sorbía un poco de café y comía galletas.


>>Un buen día comenzaré a andar más allá de las ganas de andar y me convertiré en eso que siempre quise ser, y haré lo que he debido hacer desde hace años, ¡hace siglos!

>> ¿De qué estoy hablando? Continuaré aquí sentado, esperando, como siempre, esperando… Esperando por su regreso, esperándola para vivir, para seguir.

Estaba totalmente aturdido por la cantidad de pensamientos que abarrotaban su conciencia y le sumergían emocionalmente a la tristeza.


Pero no, no estaba triste. Eso era lo peor, no podía ni siquiera sentir tristeza, no sentía nada...había un vacío en su pecho esperando ser recompensado con un no se qué, que le regalara un suspiro de esperanza, un racimo de fe, un indicio de futuro.


“Debo estar muerto”

Al momento en el que el reloj marcaba las ocho y un poquito más, unas grosísimas gotas de lluvia empapaban la vidriera donde se podía leer “E N I T R A M” (Que al inverso quería decir M A R T I N E) sobre una gran taza de café dibujada en líneas verde oliva.

Un verdadero milagro, después de meses esperando finalmente la naturaleza había cedido, llovía.

Silencio.

Ya no escuchaba al Tango. No podía oír murmullos desesperados. No había nadie más haciéndole compañía en su desdicha. ¿Y el mesonero? ¿Y el avaro dueño del café que no era capaz de abandonar su fuente de ingresos? ¿En dónde están todos?


“¡Javier, sal a la vida!” “¡Vive!”


Alguien le gritaba sin aparente sentido. Miró a los lados, por detrás de sus hombros, incluso se vio tentado a mirar debajo de la mesa que permanecía cubierta por un horrendo mantel anticuado, pero se limitó a palpar la superficie oculta con uno de sus pies -no quería que los tripulantes irregulares del “café” pensaran que él se había enloquecido, aunque no podía ver a nadie, aún seguía preocupándose por lo que podían decir los demás- pero no encontró nada.


“¡Sal!” “¡Saaaal!” “¡Saaaaaaaaaaaaaaal!”

No conseguía callar esas voces, no sabía de dónde procedían, su conciencia jamás había sido tan elocuente y sus enemigos estaban lejos de ese lugar, no existía un motivo razonable que le pudiera hacer pensar que había alguien más intentando jugarle una broma. Nada, cero… Fracción de tiempo.

¡Era él mismo!


Él y solamente él, o su inconciente, o quién sabe qué. Probablemente había enloquecido. Estaba loco, y podía bailar desnudo en la calle, loco como para besar en la boca a la primera mujer que le pasara por el frente, loco, loco de atar.

O tal vez no.


No estaba loco, simplemente lo carcomía un deseo impenetrable de sucumbir a la locura para ser libre, finalmente libre.

Libre como el viento que roza la cara de los amargos, libre como el agua que traslada botellas y sus mensajes de amor, libre como la arena del desierto que varia su posición, libre como la energía que se transforma, libre como el amor que todo lo perdona, libre como ella que se había ido sin mediar palabras, libre para volar al espacio sideral, libre para saltar los charcos de la ciudad, libre, libre, ¡libreeeeeee!


Pero qué estaba pensando, por supuesto que había enloquecido. 

>> ¡Estoy loco!


Pensándose loco, un tanto esquizofrénico para ser más específicos, salió a la calle. Corrió tan rápido como pudo y sintió como su espíritu traspasaba su piel. ¿Conocen esa sensación de vacío que se genera en el estomago cuando, por ejemplo, una montaña rusa alcanza su nivel de caída libre; o cuando-para aquellos que se han arriesgado a volar al vacío- te lanzas en paracaídas; o cuando estás profundamente enamorado? Se sintió así, tan poderosamente vivo, tan increíblemente humano… tan sentido, de sentir… de respirar y sonreír agradecido porque estás respirando.


Salió a la calle a vivir por primera vez en toda su vida. Desvarió con todo el derecho de reírse de sí mismo, de amarse y perdonarse. Estuvo estando y estuvo sin estar también.

Disfrutaba de cada gota de agua que se deslizara sobre su piel. Abrió la boca al máximo y se permitió beber el agua que caía del cielo como un magnifico regalo. Extendió ambos brazos y se entregó a la brisa entre lluvia y relámpagos.

Fue feliz.


Y la besó, a la primera chica que se le atravesó en el camino, la besó. Aunque inmediatamente esta le profesara una exquisita bofetada que le hizo sentir el palpitar del corazón en su mejilla sonriente.


“Estoy loco” -pensó- “El corazón en una mejilla, ¡Qué barbaridad!”.

Se desnudó y se bañó en una fuente, sin importar microbios o injurias mal trechas por los estándares de una sociedad que era incapaz de sentirse como él se sentía. Ellos no sabían, por eso no lo entendían.

y llegó un policía...

-¿Por qué estas desnudo? – Porque me siento vivo. – ¿Te sientes vivo por bañarte desnudo en un parque público? – Si. -¿Tiene usted problemas en su casa? - ¿Qué le hace pensar que tengo problemas? - ¿Dónde vive? – Soy extranjero. - ¿Y su familia? –No tengo a nadie. – Por favor venga conmigo. - ¿A dónde vamos? – A la comisaría (…)


Más preguntas, papeleo, declaraciones, llamadas, el consulado, el pasaporte, la visa, una noche en la celda, esperar a que amanezca, y ser libre… Libre otra vez.


Se escuchó a sí mismo. Estaba silbando, pero esta vez no era una melodía triste y despavorida… era un soneto animado tipo villancico, y apenas se estaba acabando Febrero…


“Prácticamente falta un año para navidad” - Pensó


>>Debo estar loco.


>> ¿Pero qué estoy diciendo? ¡¡Claro que estoy loco!!


>> ¿Acaso tiene importancia? Escuchó en su mente un sonoro “Nooooooooooo”



>>-¡No! – Le dijo a una anciana muy emperifollada que venía arrastrando con dificultad un carrito personalizado - quizá fabricado por ella misma o por alguno de sus nietos- para ir a hacer el mercado. Ella levantó la vista del suelo y le sonrió con una ternura en la mirada, que le hizo besarla en la mejilla tras darle un gran abrazo… No hubo cachetada esta vez, la anciana se limitó a reír mientras murmuraba palabras que Javier no podía entender.


Continúo su andar desenfrenado que pecaba en lo atractivo, o por lo menos él se sentía así, lo bastante… atractivo como para llamar la atención de algunas personas que lo veían en su caminar apurado.

En la Comisaría de Policías le habían ofrecido, o más bien obligado a ponerse, unas prendas desteñidas y olvidadas, que cuando mínimo le ayudarían a mantener la decencia naturalmente requerida por la sociedad, y por él mismo, así en ese momento no quisiera aceptarlo.

Sonrío al pensar en aquél episodio de la ropa. Era notable que eran muchos los humanos que realmente entendían la naturaleza de SER humano.


Había llovido el día anterior, por esa razón el cielo se mostraba diferente, más amplio, más azul. El ambiente se sentía un poco pesado aunque era notable lo bien que le había sentado a la tierra ese poquito de agua que le habían regalado.

Vio llegar a un autobús bonito –no como los que hay en Venezuela- miró a los pasajeros descender, ninguno parecía notar su presencia.

“Todas las personas viven tan ocupadas” dijo con una voz de lamento casi imperceptible.

En la parada de autobuses- todas las paradas de autobuses eran muy limpias y estaban cuidadosamente decoradas con mapas de las estaciones y las horas de arribo que los conductores públicos cumplían minuciosamente- esperaba sentada una muchacha de unos 25 años según el creía, aunque no se atrevería nunca –Así estuviera loco- a confesarle ese pensamiento suyo porque las mujeres eran muy delicadas con ese tema.

- “Hoy hace un bonito día” – le dijo con una tonta sonrisa en la cara.


La muchacha se limitó a verlo de reojo mientra ignoraba ese y cualquier otro comentario por venir.


- “Veo que eres algo tímida” – Continúo Javier, sin percatarse del abstracto pensamiento de la muchacha, quién ahora estaba sumida en sus propias preocupaciones.


- “Tuviste un mal día”- Preguntó él con sinceridad.

Pero no obtuvo ninguna respuesta, siquiera logró alguna mirada por respeto. Y pudiese ser que estuviera loco, pero aún así era un ser Humano con Deberes y Derechos… El Derecho a ser escuchado y mantener una conversación digna, como persona digna que era.

- “Bueno, es que acaso soy invisible” – Dijo con enfado.

- ¿Mal día? – Se atrevió a decir la muchacha quien se había mantenido al margen porque aquél hombre no le generaba ni un grado de confianza.

En su país la gente no llegaba hablando con los demás así como si nada, este -aunque notablemente era extranjero- debía haber dejado engavetado todo el respeto hacía los demás que le pudieron haber inculcado en su casa.

- Particularmente creo que la menstruación es uno de los grandes errores de la naturaleza – Dijo ella llena de rabia.

>> Me preguntas si he tenido un mal día, pues he tenido un día precario. Un día abatido por dolores y mal humor. Un día de conflicto con las personas que conozco y con las que no también. Un día para odiar a mi novio sin entender por qué. Un día para odiar al chofer del autobús porque las agujas del reloj no aceleran su marcha. Un día para llorar sin ningún motivo. Un día para querer gritarle al primer extraño que quiera venir a joderme la paciencia.


>> ¿Qué si he tenido un mal día?


>>¡Si!, ¿y eso a ti qué te importa?


Se veía exaltada y maravillosamente malhumorada, Javier sin pensárselo mucho se sabía fascinado.


- Pensé que ese hecho natural era una bendición para todas las mujeres – Dijo – Algunas de ustedes lo considera un acto de hermosa fertilidad femenina, una bendición de Dios, un regalo de la vida – Continúo.


Ella pensó en lanzarle el libro de Inmunología que tenía en sus manos, pero sabía que muy probablemente estropearía el ejemplar sin que este alcanzara a golpearlo.


- Eso lo dices porque eres hombre, ni siquiera sabes de lo que estás hablando – Le dijo – Y si estuviera segura de mi puntería, te lanzaría este libro a ver si le regala al mundo tu inconciencia permanente de una buena vez – concluyó en tono sarcástico.


Él retrocedió unos pasos dudando un poco de la elocuencia de sus palabras y olvidando adrede su teoría de que en la locura no hay cabida para las preocupaciones.


- Bueno, yo solo decía –habló Javier.

- ¡Estás loco! – Afirmó ella.


- Claro que estoy loco Pensó él.


-¿Cuál es tu nombre? – Le preguntó Javier.

- ¿A ti qué te importa? – Respondió ella.


- ¡Eres insoportable!- Dijo él.

- ¡Tú también! – Gritó ella – Vete de una buena vez –

- ¡Me voy!- Dijo él.

- ¡Vete! – Pidió ella.


Mientras Javier se daba media vuelta muerto de rabia a causa de la paranoia de una mujer enloquecida por los gajes de la naturaleza, gritó:

- Y sí, yo estoy loco – Ayer me volví loco y viví, por primera vez viví. Reí, jugué, soñé, lloré, bese a una desconocida, me bañé desnudo en un parque público, dormí en una comisaría, olvidé quién tanto amé, por quién tanto sufrí… Y le grité al mundo que estoy loco y soy feliz de esa manera.

>> Ahora apareces tú, con el mal humor brotándote por los poros a provocarme con tu juego de niños y a hacerme olvidar de mi locura… Esa que me hace feliz.


>> Pues no tienes derecho, yo soy un hombre libre, ¡libre!


>> Volveré a la M A R T I N E, tomaré café y comeré galletas, me burlaré de los odiosos Tangos deprimentes que se escuchan sin cesar –Tal vez el dueño del lugar estuviera pasando por un mal momento- Leeré en las paredes las huellas de los escritores, suplicaré por el amor de alguien que no me ama y por fin, cuando menos lo espere, será momento para que llegué ella…La locura.


>> Seré feliz y evitaré a todas las mujeres como tú que van por el mundo dañándole la felicidad a los demás, ¿qué te parece?


La chica lo miraba con atención, y con un leve tono de incredibilidad en la mirada. Mantenía en su rostro un aire ligero y sus labios se arqueaban en forma de sonrisa a medio comenzar. Finalmente lo hizo, sonrío. Momento seguido soltó una estruendosa carcajada… Se reía como si hubiera recordado como hacerlo, regalaba los versos de su risa como si se tratara de granos de arena adornando al viento. Se reía de él. Se reía en su cara, bajo la sombra de sus ojos y el asombro de su intelecto. Reía de manera incontrolable. Reía y Javier lo encontraba morbosamente provocador.

- ¿De qué te ríes?- Inquirió


Pero ella no podía parar de reír.


- ¿De qué te ríes? -


No, no había manera de detenerla. Se había convertido en una mujer desagradable, poco amable, y profundamente despreciable.


Javier dio media vuelta para emprender su camino.


- ¡No! Aguarda un momento – Gritó ella.


Él aceptó, y giró sobre sus pies.


- Las galletas – Comenzó por decir ella en medio de una carcajada que enfadó aún más a Javier- ¡Tienen droga! – y no pudo seguir conteniendo la risa.


Javier no lo podía creer, su felicidad, la libertad de aceptarse tal cual era, el mundo visto desde la perspectiva utópica de la despreocupación, todo había sido una calumnia, una vil calumnia.


- ¡Estaba drogado! –Dijo para sus adentros mientras sentía arder sus rostro por la impotencia – ¡Soy un estúpido!

La mujer lo seguía con la mirada entre carcajadas y sollozos de alegría.


- No existe tal felicidad, libertad, o deterioro de la maldad… era una cortina de humo, un engaño, una fantasía, una masacre a mi integridad personal – Soy un estúpido – repitió.


- Aquí, algunas drogas que son legales – Dijo ella en medio de una risita impertinente.


- ¡Soy un estúpido! – Dijo mientras comenzaba a unir sus carcajadas con las de la ingrata - ¡Estúpido! Ajajajajajaja.


- Y, ¿sabes qué? – Dijo dirigiéndose a ella – ¡Tú también eres una estúpida! – y rió por lo alto.


Rieron juntos por unos minutos, el se sentía torpemente confundido y ella sabía que el loco de la parada de autobuses le había alegrado el día.

- Por lo menos viví como nunca me hubiera atrevido a hacerlo – Comenzó por decir él – aprendí mucho más de lo que había aprendido en muchos años, y no porque las drogas sean un incentivo productivo para hacer locuras que te llenen el organismo de esa adrenalina que te hace saltar nubes, sino porque por primera vez me sentí en libertad de ser yo mismo y vivir para mí, no para los demás o por lo que dicen los demás.


Dio media vuelta, con la determinación de no volver a ver a aquella chica nunca más en su vida…



                                                                            * * *



Y esta, queridos lectores, es la historia del amigo de mi amigo. Un poco tonta, un poco lenta, un poco moza… Pero con una gran lección, que imagino, no hace falta recalcar.



                                                                            * * *


Por cierto, no todo termina ahí.


- ¡Espera! – Gritó ella- vamos por ese café.

                                                                                                                                El resto es historia…





                                                                          FIN

jueves, 3 de junio de 2010

¿Qué sabe usted?

Son precisamente las noches carentes de euforia encarnecida las que conducen a los corazones solitarios a reencontrarse con la vanidad del orgullo herido. No creo concerniente canalizar estas palabras en las historias lamentables de algunos de mis amigos, ni mucho menos sería prudente parafrasear mis propias tristes vivencias a un lector que probablemente poco le interese. Sin embargo, existe un sentimiento que se ha tornado un tanto obsesivo, problemático y enfermizo, en las estanterías paradisiacas de nuestro subconsciente.

Perdóneme usted que me considera osada por redactar en plural semejante afirmación, o usted que simplemente no entiende de que voy, y por favor discúlpeme todo aquél que se sienta identificado con las líneas venideras que todavía no se me ocurren escribir.

Le pido también que no me crea loca por ir escribiendo sobre la marcha, créame loca por pretender hablarles del amor.

Me alegra recordarles que no soy la primera que lo intenta, pues son muchos los fracasados en el tema, los que han pretendido justificar sus propias carencias; unos cuantos, son también, los que han gritado sobre los cuatro vientos cuan afortunados son al tener siempre consigo al amor de sus amores; y están quienes jamás se han acercado, ni siquiera por error, a la pureza más significativa depurada en un sentimiento capaz de vencer los más atroces obstáculos. Pero no es momento de detenernos en singularidades, y ¡Qué difícil es no hacerlo!

Permítame también añadir una afirmación en la que creo ciegamente aún viviendo en la inmensa comuna que usted y yo compartimos: “el amor es el motor que hace mover al mundo”, cabe destacar que realizo la acotación aunque realmente no sé a quién se le ocurrió por vez primera. Seguro varios de ustedes estarán considerando tan ostentosa frase como una tremenda blasfemia.

Probablemente, ya pensó el primero en el capitalismo salvaje, y que es verdaderamente la teoría de la oferta y la demanda el generador del movimiento constante. Válgame el perdón de todo aquél que ha amado por mezclar semejantes conceptos con el amor, pero a estas alturas del milenio estamos tan corrompidos que no pude evitar adelantarme a las reflexiones que seguramente muchos harían sobre tal afirmación.

El amor es el motor que hacer mover al mundo. La he repetido y me ha parecido un poco cursi, pero es que yo estoy algo contrariada. Tal vez, el amigo o la amiga que lee mis líneas se encuentre perdidamente enamorado (a) si no ha parado de gesticular con la cabeza de arriba hacia abajo, cual perrito de taxi.

Por cierto, no me crean tan ingenua, ya que, fuera de los parámetros netamente sentimentales, sé que el mundo tiene un motor mucho menos inspirador y bastante más decepcionante. Siempre he creído que son pocas las cosas que procuran en los seres humanos cambios absolutamente fascinantes, y el amor es una de ellas; Las drogas, por otro lado, sería la antítesis a la anterior aseveración.

No se puede ocultar cuando se ama, y tampoco se puede ocultar cuando se consume drogas. Y si, me dirijo a ti, pequeño ingenuo que cree tapar el sol con un dedo.Quizá me vaya a referir a un ejemplo un poco abstracto, por como lo he querido explicar, pero no me detendré precisamente ahora que ya he hablado bastante, así que permítame preguntarle a usted amigo lector ¿Qué fue la Guerra de Troya? Diría esta servidora que no fue más que una contienda por amor, donde estaban implicadas varias cosas más, pero después de todo por amor. Así también merece la pena reflexionar ¿Por qué develó Sanson el secreto de su fuerza a Dalila? Por amor. Y finalmente ¿Qué hizo que Eva Braun permaneciera tanto tiempo a la espera de Hitler? El amor.

Les pido por favor que no me malinterpreten, pero sin importar cuán malvado sea alguien y cuán terriblemente repercutieran sus acciones en el mundo, siempre, estoy segura de esto, habrá tenido una pizca de amor para con alguien; y no importa quién, puesto que acá hemos venido a hablar de amor, no de los amantes o los amados.

Por otro lado, existe también una formula absolutamente exacta en las cuestiones que hemos venido a tratar, y es que sin importar cuán grande sea el sentimiento “amor” siempre lleva implícito el semejante “dolor” y sin embargo, no tiene importancia, ya que todos y cada uno de nosotros procuramos amar.

Es aceptable decir que no es fácil tocar un tema como el que hoy vagamente dejo con cientos de brechas, porque así como pretender determinar una super ecuación de física cuántica, tratar de poseer la certeza total sobre el tema es pretender tener la sabiduría de un Dios, cualquiera que este sea.

Debo confesar que muchas veces he querido que mi vida fuera una novela, de esas tipo las de Delia Fiallo, y ser además yo misma la escritora para que el final irremediablemente tenga que ser feliz. No obstante, creo que como suelo pecar mucho de “fresa” mi vida sería demasiado monótona y aburrida…

Por ello, no me queda más que permitir al vaivén de sucesos enseñarme las lecciones necesarias para sobrevivir a los parámetros de una vida repleta de millones de sorpresas que aún debo descubrir.

De amar, si amé, y tal vez, amaré.

De amor, solo sé, como diría el buen Sócrates, que no sé nada.

¿Qué sabe usted mi amigo lector?

Me asechan un montón de pensamientos…


...Un montón de sentimientos

El mundo sigue girando… Mientras yo, aquí, detenida sobre el mismo punto inconcluso de sueños y fracasos Intento caminar, ir más allá, traspasar la sombra de tú recuerdo, el dolor de tu ausencia, el milagro de esa sonrisa que entre azares cortejados por estas ganas de revivirla, me hace feliz en este preciso instante del día… Sin ti, sin mí.

Pareciera que la luna en su vivaz hermosura se quedara en la penumbra de un deseo disipado con el tiempo.

La brisa de la noche juega a explorar mis sentidos hasta lograr manipular el sufijo de este autocontrol preconcebido… Hace tanto que no te lloro.

Hay algo aquí, dentro de mí que me obliga a creer que todo fue cierto. Que me quisiste y te quise, que te necesité y me necesitaste, que te extrañé y me extrañaste. Hay algo aquí, que me imposibilita dudar de tu mirada, de tus caricias, de tu aura -esa que me maravilló tantas veces durante nuestros silencios- de tus besos, tus abrazos, el encanto de creerte parte de mí, para mí, por mí y también por ti.

Ojala pudiera escribir nuestra historia desde la creatividad de mi inconsciente, sin basarme en realidades o en desvíos incoherentes. Ojala pudiera trazar -cual pintor a oscuras- los rasgos de esto que siento y que tú has olvidado. Ojalá pudiera lograr la perfección de este amor imperfecto. Ojalá. Ojalá. Ojalá… Ojalá te viera sonreír, por mí, con la mirada.

Quizás al decirte lo siguiente profane la estabilidad de este muro que tanto me ha constado construir y que no me deja llegar a ti… Me haces tanta falta.

¿Alguna vez escuchaste hablar del síndrome del “Miembro Fantasma”, cuando a una persona le han amputado un brazo o una pierna, pero aún así lo sigue sintiendo? Cuando me hablaron de este tema, me pareció extremadamente cruel, sentir parte de ti algo que ya no te pertenece… ¿No te parece? Lo insólito es que en este momento, mientras te escribo, se me ha ocurrido hablarte al respecto… ¿Por qué? Sencillo, porque es así como me siento, es así como te siento.

Eres parte de mí sin serlo… Estás aquí sin estar. Te amo sin amarte realmente, y sin que me ames también.

Todavía no ha amanecido sin que deje de pensarte, estás en cada día de mi vida como una rutina… Una cruel fechoría.

Te veo desde lejos, feliz, impaciente, y a veces enamorado, de otra, no de mí. Te siento tan dentro, desgarrador, indiferente, y a veces también, enamorada, de ti, no de otro.

No es fácil -te lo digo- pretender estar feliz porque estás feliz.

Tal vez pueda engañarte a ti, pero no puedo engañarme a mí.

No estoy feliz, no estoy feliz porque no estás conmigo, porque estás con ella y porque eres feliz con ella.

Me duele verte feliz, me rompe el alma sentirte aquí conmigo y que estés allá –quién sabe en dónde- con ella.

No soy una buena persona, la envidio a ella y al amor que le das.

No soy una buena persona, he querido vengarme, destruir tu felicidad y que sientas un poquito de lo que yo he sentido por quererte tanto.

No, no soy una buena persona, pero te amo.

Te amo, y no sé en dónde tirar este amor que no sirve para nada diferente a hacerme sufrir. No sé qué hacer con él, tan desdichado y miserable… Tan abandonado y carcomido por las lágrimas y el tiempo.

Amor de inolvidables momentos y línea de llegada. Amor que siento y que padezco. Amor de nadie, amor de mí.

¿Quién coño sabía que era el amor antes de ti?

Viniste y te fuiste mientras yo quería que te quedaras aquí.

Ya no estás más, ya no estarás más.

Estamos solos, el y yo… en esta vil soledad.

Dedico esta carta a ti, mi querido Gustavo.

                                                                                                                   Amigo, amante y confidente.

A ti que me hiciste tanto daño. A ti Gustavito, a ti que me haces tan difíciles los días desde que no estás a mi lado.

No te escribo para estar dándome golpes de pecho, hay que estar claros que en la vida, cuando algo no es para uno, sencillamente no es para uno. Pero yo si quería, de verdad quería, que fueras para mí, mientras que, yo era para ti. Pero no, que va, las cosas no son así Gustavito.

Qué vaina esas insensateces que uno comete en la universidad, en la época donde el mundo aumenta un poco sus líneas limítrofes y los sueños elevan sus posibilidades de ser realizados. Cuando todas las locuras, las protestas, las rumbas y los viajes a la playa se convierten en una forma de vida.

Pero qué buena broma esa que nos echamos nosotros Gustavito, disque para vivir la locura colectiva del decimo semestre. “Hay que vivir” me decías, mientras yo, más mojigata y me moría. Pueblerina al fin, aunque entonces debería decir, que en Ocumare hay unas cuantas que no tienen nada de pueblerinas. Que va, mejor me autocalifico como enchapada a la antigua.

Que iba a estar yo pensando en ti como hombre chico, ¿Para qué me insistías? “Un besito y ya” me decías y yo más dura que concha de coco te respondía “Chico Gustavito deja la cosa”

Hasta que un buen día, bajo el efecto del alcohol -debo recalcar- sucedió lo inesperado –aunque deseado por ambos (Claro, por mí, solamente en pensamientos)- se nos ocurrió la brillante idea de darnos los dichosos besos. Fue en una “cervezada”, lugar nada romántico, ¿ok?… Pero no podría negarlo, creo que el olor a Solera Azul y Cigarro, bajo la delicada sombra de tus labios sobre los míos, serán para siempre parte de un instante secundado por la imposibilidad de olvidar la elocuencia con que ambos parecieran haberse rozado bajo el precepto de un reencuentro añorado.

Te bese, sí. Te bese con la confianza de haberlo hecho antes, con desenvoltura y desfachatez. Te bese, y quede encantada.

No es justo Gustavito, ¿En qué carajo estabas pensando?

Tú mi amigo y confidente, a quien más de una vez recurrí entre lágrimas, a quien llamaba cuando no soportaba a nadie en mi casa, mi acompañante de esas noches universitarias largas, mi amonestador por las malas jugadas, mi benevolente de éxitos, el que me prestaba dinero cuando la quincena no alcanzaba, mi acompañante (obligado) para ver películas románticas, mi pana… ¡EL PANA!

Tu Gustavito, que dejaste de ser mi amigo para convertirte en el hombre que yo amaba.

Contigo viví momentos maravillosos. Me enseñaste a reír más seguido, a llevar la vida con calma, a ver los gatos de otra manera, a apreciar los deportes, a entender tus chistes, a comer salami, y también a comer más sano, a escuchar tu música (aunque no me gustara), y acepté que de verdad no podías evitar decir “esa es la bandera de Inglaterra” cuando veías la de Australia. Me enseñaste alguna que otra forma de besar, a sentir como nuestros cuerpos estorbaban mientras en un abrazo quería que formaras parte de mi alma, a sentir pasión, a decirte mil palabras en una sola mirada, a entender que la noche junto a ti pasaba lentamente, que en tus brazos el mundo tenía cabello negro, piel blanca y unos enormes ojos color canela que embaucaban cualquier “desastre natural” que pretendiera atentar con la perfección de esas líneas que eran mi morada preferida… Me enseñaste a amar Gustavito.

Pero todo cambió… Lo echamos a perder.

Cuánta tristeza me da aceptar que no nos supimos querer. Porque como panas tenemos que admitirlo, nos quisimos mal. Creo que la mejor manera se sanar nuestras heridas es atribuyéndole esa verdad de amor mal amado, mal vivido y mal soñado, a toda la mierda que nos echamos durante ese corto, cortísimo romance. No nos supimos apreciar, no nos supimos respetar… No supimos amarnos de verdad.

Personalmente creo que lo nuestro no es que no pudo ser, sino que no lo dejamos ser – Vaya usted a saber porqué – aunque claro está, siempre antepusimos los intereses individuales a una vaina que tiene que ver con el corazón, y a ese “Don Juan” si que no le atraen los egoísmos.

Lo jodimos Gustavito, lo jodimos por avaros. Por no aprender a escucharnos, por sentir bien y hacernos sentir bien, pero también mal… sobre todo fue por ese afán de querernos joder que lo arruinamos.

Cónchale Gustavito, ¿Quién fue el que alguna vez nos dijo que en la guerra y el amor todo se vale? Yo la verdad no me acuerdo, pero sé que en algún momento lo haré y cuando eso pase, juro por ese Dios que está en el cielo que iré a vengarme. Por lo menos unos huevos chimbos le lanzaré a la fachada de la casa donde vive el o la desleal esa.

Es que hasta parecemos bobos chico, ¿Acaso alguna vez escuchaste de un Sun Tzu enamorado o de un Maquiavelo con el corazón partido?, de pana Gustavito que nosotros si fuimos gafos.

Cuando toda esta historia nuestra llegó a su final -o para ser exactos- desde el momento en el que dejamos de vernos, no existió palabra de valentía que significará un nunca más. Nos alejamos así como si nada, bajo el precepto de que “el camino se hace al andar”, con la imposibilidad de amarnos y ser felices a la vez. Huiste, y yo no te quise detener para evitar dar mi brazo a torcer. ¡Qué batalla campal! ¿No Gustavito?

Ya he dejado de contar los días porque no vale la pena ir cambiando las hojas de un calendario que hace parecer infinito a este año; y me es imposible contabilizar los “te extraño”, es que son tantos. No puedo medir las lágrimas, ni el dolor de no tenerte aquí, amante y amigo mío… el pana de los chistes malos, el consejero, el de los mensajitos de texto a todas horas, el que me dedico la inmensidad del mar con todo y alba cuando nos tuvimos que separar por ese corto viaje.

Chico, es que de verdad nos enamoramos.

Hay otra cosa Gustavito… Margarita me dijo que andas por ahí con una noviecita nueva… Y Podría decirte que yo también tengo un noviecito (aunque de “cito” no tiene nada) que conocí en el gimnasio al que tuve que recurrir para hacerle frente al despecho. Tenemos poco tiempo pero el tipo está bien bueno, aunque me da la impresión que se enfoca poco en el intelecto; igual eso ya no me importa, porque a mí por andar de intelectual me ha pasado mucha cosa. No que va, prefiero tener un tipo grandote, fuertote, apasionadote, a uno de esos que andan por ahí filosofando sobre las causas y azares que darán porvenir al mundo… De verdad que ya no estoy para esos trotes.
Sin embargo, mi añorado Gustavito, ya no tengo ganas de seguir haciéndote la guerra, para qué decirte que soy feliz si no es así... Te he extrañado desde el instante de tu partida.

Y no, no depongo mis armas porque ya no me queda ninguna… simplemente elevo mis manos abiertas intentando alcanzar ese cielo que nos prometimos entre besos.

                                                                                                                    Hasta siempre Gustavito.